Los intocables
Por Glauber García LaraSiempre me ha molestado que algunas personas cuando de deporte se habla basen sus argumentos en los resultados, que si bien es cierto constituyen el fin de cualquier justa atlética, en pocas ocasiones reflejan todos los matices que precedieron la consecución del objetivo propuesto.
Por eso, espero no se me acuse de oportunista ni de hacer leña del árbol caído, pero algo de lo que pretendo compartir en estas líneas lo avizoró un colega tan sólo 15 días atrás.
Quiero comenzar mi análisis diciendo que la medalla de plata es siempre meritoria, significa que eres el segundo dentro de un grupo numeroso, pero si de Cuba se habla y de pelota para ser más específico, entonces el asunto es otro.
Quizás si fuera en atletismo o lucha nada ocurriera, o a lo mejor si en vez del Campeonato del Mundo fuera el II Clásico Mundial no habría problemas, pero no es ni lo uno ni lo otro.
La afición cubana se siente triste por la actuación del equipo Cuba en el pasado Mundial de Taipei, no por la medalla de plata, no por caer en la final ante Estados Unidos, que siempre duele el doble, sino porque desde el principio hasta el final el equipo Cuba, el más grande de la historia de la IBAF, no logró convencer nunca a sus aficionados, y para colmo de males, hace rato no lo logra.
¿Por qué? ¿Qué pasó? ¿Cuáles son las causas? Nadie puede asegurar a ciencia cierta la razón clave, la raíz de la derrota, es más, si usted se pone a indagar encontrará 11 millones de respuestas diferentes.
Escuchando y debatiendo como buen cubano en la esquina del barrio, en mi trabajo con los colegas y con conocedores de la pasión cubana, pude recoger varios criterios y hay uno que se repite con más frecuencia que el resto: la inamovilidad de algunos peloteros, y aquí me quiero detener.
Ya pasaron los tiempos de lo que yo llamo los “cinco magníficos”: Ulacia, Germán, Linares, Pacheco y Kindelán, los multicampeones de todo, dueños de todos los récords de la pelota cubana, nacionales e internacionales, haya sido con bate de aluminio o madera, contra universitarios o profesionales, la realeza de una generación que recogió lo mejor de los Casanova, Muñoz, Cheíto, Marquetti, Vinent, los Sánchez, Alarcón y compañía.
Sólo les recuerdo la última justa internacional de aquellos grandes, el Mundial de Taipei 2001, ¿no sé por qué?, en ella el gran Omar terminó de sexto bate, sacrificándose con toque en la final, siendo hasta ese momento el máximo impulsor del equipo.
Hasta el showman del béisbol cubano Víctor Mesa, quien fue relegado en su momento al jardín izquierdo ante el empuje de Pepito Estrada como fildeador y primer bate de calidad.
Pregunto: ¿cómo es posible que un equipo que no ha bateado en el Mundial, en los Panamericanos, ni en la I Liga del ALBA mantenga prácticamente la misma alineación?
Un equipo que en el 2006 sólo ganó los Centroamericanos, que es un torneo menor, aunque un título muy decoroso, y la Copa Intercontinental, justa que ha ido de más a menos y con futuro incierto, únicamente tuvo el Clásico como aliciente emocional.
La pelota a la que nos enfrentamos hoy es mejor sin discusión, por eso si en algún momento aquellos peloteros legendarios cuyos números todavía aplastan a los más jóvenes, fueron movidos de sus pedestales, ¿por qué a estos no se les mueve también?
Y no hablo de cortar cabezas ni retirar a nadie, ni siquiera de sacarlos del equipo, abogo por jugar inteligentemente, poner al que mejor esté en ese momento y ganar los campeonatos sudando, pero riendo.
Que un jugador ya legendario como Paret se mantenga de regular sólo demuestra el mal momento que viven los paracortos cubanos.
Llevar dos receptores con ofensiva de poder como Eriel y Peraza para ver cómo se quedan con las ganas de empuñar exaspera a cualquiera, máxime cuando todos saben que aunque Pestano no es un out regalado, el bateo no es su fuerte, con más razón si lleva varios torneos sin producir.
Que Osmani Urrutia haya superado a Linares en promedio y sea un habitual de los 400 está bien, pero si promedia en el Mundial apenas sobre 200, y no pueda o quiera levantar la bola cuando se necesita, entonces debe probar el banco, pues pararse en el cajón con el bate “a lo corto”, con esa fuerza que tiene puede resultar gracioso, además para dar hits está el hombre proa y se llama Giorvis Duvergel.
A Yulieski por su calidad no se le debe sentar, pero al igual que los demás hay que darle otra responsabilidad cuando no esté bien, por ejemplo, por qué no cambiarlo en el orden con Urgellés, aunque tengamos dos zurdos consecutivamente, y ver si el muchacho vuelve a producir.
Este equipo fue tan lineal que apenas tocó la bola, robó bases e hizo cambios, la mayoría obligados por lesiones desafortunadas u olvidos increíbles (recordar la camisa de Pestano en el hotel). Algo realmente inesperado teniendo en cuenta que Anglada siempre se caracterizó por ser un manager poco ortodoxo, en realidad en esta ocasión pienso que pecó de conservador.
Para los análisis más profundos están los especialistas, que para eso lo son, creo tendrán que resolver muchas cosas con vistas al año olímpico y la 47 Serie Nacional, la cual tiene el gran reto de superar la anterior que tan buena huella nos dejó.
La pelota cubana, afirmo y aseguro, goza de buena salud, de no ser así no estaríamos polemizando ni disfrutando de los Chapman, Elier Sánchez, Des-paigne, Baños, Maya, Viciedo, Padrón, José Julio, Arley y otros, que aunque no estarán en Londres 2012, mantendrán en su momento ese camino glorioso que comenzaron hace más de un siglo en el “Palmar de Junco” otros grandes del béisbol.

