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''Aquí hubo un montaje contra el periodista Fredy Muñoz'', asegura analista

Por: TeleSur
Fecha de publicación: 06/01/07
TeleSUR _ 05/01/07 - TeleSUR conversó en exclusiva con el analista político y director del semanario La Voz, Carlos Lozano, quien aseveró que en Colombia "no se están respetando los derechos humanos" y calificó como "un montaje" el caso que se le sigue al corresponsal Fredy Muñoz Altamiranda, que este sábado cumple 49 días detenido.
El director del semanario colombiano, La Voz, Carlos Lozano, señaló que las autoridades de Colombia ''no están respetando los derechos humanos, ni tampoco el derecho al debido proceso de acuerdo a la ley penal colombiana'' en el caso que se le sigue al corresponsal de TeleSUR, Fredy Muñoz.
''Aquí ha habido un montaje contra el periodista y compañero, colega nuestro, Fredy Muñoz y está comprometida la libertad de prensa que en Colombia realmente no existe'', aseveró.
Lozano recordó que ''en estos días hemos escuchado incluso la retractación de uno de los testigos que rindió testimonio en contra de Fredy, señalándolo como un peligrosos guerrillero, este hombre que supuestamente es un desertor de la guerrilla de las FARC, ahora ha dicho que fue presionado por los organismos de inteligencia de la armada nacional para que comprometiera a Fredy en estos temas supuestos de rebelión y terrorismo'', explicó.
''Así que poco a poco se va cayendo este montaje contra Fredy'', fustigó en relación a las innumerables irregularidades que han surgido entorno a las investigaciones que se llevan a cabo en contra del periodista.
Lozano expresó su certeza de que ''va a ser inevitable que en los próximos días (Fredy) quede en libertad''.
Sin embargo, enfatizó que ''de todas maneras ya se ha cometido un atropello, se han vulnerado los derechos humanos, no solamente de Fredy Muñoz, sino también de la prensa colombiana, de los que él representa, la prensa independiente, la prensa alternativa, la prensa que está comprometida con la verdad y con dar otra cara de la noticia diferente a la que hacen los monopolios y los grupos de prensa que manejan la información y propaganda en Colombia'', puntualizó.
Fredy Muñoz Altamiranda, corresponsal de La Nueva Televisión del Sur, fue detenido el pasado 19 de noviembre en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, proveniente de un curso de trabajo en Caracas, por elementos del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), bajo los supuestos delitos de rebelión y terrorismo.
El trabajo del periodista, que acaba de cumplir sus 36 años en prisión, se ha caracterizado por investigar la profunda crisis institucional por la que atraviesa el gobierno en Colombia, a raíz de las denuncias de la penetración narco-paramilitar en el Estado colombiano, incluyendo los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
En este sentido, Carlos Lozano consideró que el gobierno colombiano no tiene planes para acabar con el paramilitarismo pues, casi todos, la gran mayoría de los congresistas y las personas que han estado vinculados a este escándalo, son simpatizantes o miembros de los partidos uribistas, son congresistas del presidente Uribe'', fustigó.
A juicio del director de La Voz, ''el gobierno del presidente Uribe ha venido aludiendo la responsabilidad política que tiene en este asunto de la llamada parapolítica''.
''El presidente Uribe incluso, finalizando el año, convocó a los parlamentarios uribistas para que todos votaran los proyectos de ley de su agenda legislativa antes de que fueran para la cárcel, una forma por cierto bastante cínica de plantear este problema'', expresó.
Sin embargo, consideró que el escándalo generado por la vinculación de congresistas con grupos de extrema derecha ''va a seguir'', y que, pese a que ''el gobierno colombiano está buscando lanzar cortinas de humo'' para desviar la atención en el tema, ''es inevitable que la Corte Suprema de Justicia haga pronunciamientos de fondo sobre los congresistas que están vinculados''.
El baile del mono

Caicara es la capital de Cedeño, uno de los trece municipios que conforman al Estado venezolano de Monagas.
Fue fundado el 20 de Abril de 1731 y su población de más de 15 mil habitantes, tiene a finales de año una motivación muy especial: el baile del mono.
Los últimos días del año permiten al visitante disfrutar de una tradición que enorgullece al caicareño.
Todos comienzan a reunirse en torno a una plaza llamada monódromo, que vibra al compás de la música y que tiene al mono en el centro de la celebración.
Justo cuando los relojes marcan las doce de la noche del 28 de diciembre el pueblo comienza a vivir una jornada diferente.
Al grito dado por el Gobernador del estado y el Alcalde de la localidad, comienza la danza popular, de gran arraigo en Caicara, de donde es nativo y única parte del mundo donde se baila.
Es un recuerdo memorable de los aborígenes y aquí se lucha por conservarlo. Como baile colectivo, tiene por escenario a la calle, participa todo el pueblo, unos van bailando y gritando, al unísono de la música y agarrados por la cintura, otro y otras van de acompañantes y relevos de manera que la cola de el mono no decae nunca.
La música proviene de un montón de instrumentos de los cuales los más universales son el cuatro, las maracas, el furruco y la tambora; porque los otros son más artesanales.
El comienzo del baile dura siempre una hora ininterrumpida. Al otro día sigue la fiesta determinada por la resistencia física del participante y el entusiasmo que le acompañe y así puede durar hasta que comienza el año.
Cuentan los historiadores de Caicara que hace apenas unas dos o tres décadas, el mono era una festividad casi familiar, celebrada por un reducido grupo de locales sin traspasar los límites del pueblo.
Hoy el baile del Mono logra reunir a miles de personas provenientes de todo el país que no quieren perder la oportunidad de disfrutar en vivo de una tradición que pone una nota de folclor al final y el comienzo de un nuevo año.
Foto: Miguel Alvarez, tomada de la página www.caicaramono28.com
Fredy Muñoz en libertad: Temor por su vida y por nuevos montajes

La Fiscalía colombiana decidió declarar sin lugar la medida de aseguramiento (prisión preventiva) dictada contra el corresponsal de Telesur, Fredy Muñoz, al considerar insuficientes las pruebas testimoniales que lo señalaban como supuesto miembro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y coautor de atentados en las ciudades de Barranquilla y Cartagena.
De esta forma, se hizo lugar a la apelación que presentó la defensa encabezada por el abogado Tito Gaitán para revocar la medida, basada en las diversas irregularidades en que incurrió la Fiscalía durante el proceso, como inconstitucionalidades, denegación de la debida defensa y falta de rigurosidad jurídica.
Muñoz salió de la cárcel barranquillera de El Bosque al mediodóia del martes 9 de enero, 52 días después de ser apresado en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, al regresar de un curso en Caracas. Hoy, Muiñoz y sus compañeros temen por su vida. Si bien el joven periodista está libre, el proceso sigue, y la Fiscalía tiene todo el tiempo para preparar nuevos montajes. Lo que hace falta es que la justicia colombiana retire definitivamente los cargos y aclare el error cometido.
Desde que Muñoz fue detenido, el 19 de noviembre pasado en Bogotá, diversas entidades de prensa, organizaciones de derechos humanos y medios latinoamericanos denunciaron que el proceso contra el corresponsal no sólo dejaba en evidencia las amenazas que sufre la libertad de prensa en Colombia, sino también el ataque directo contra el canal multiestatal Telesur, sobre todo por su carácter contrahegemónico.
Ahora, tras la liberación del periodista, Gaitán comenzará a trabajar para lograr su absolución plena, aunque con enormes obstáculos, incluso, el peligro de un eventual atentado contra la vida de su defendido. El abogado advirtió que ''hay que estar atentos a que no haya ningún tipo de ánimo revanchista por parte de los organismos de seguridad que prefabricaron este caso'', como la inteligencia militar naval o la policía secreta DAS.
También Muñoz fue claro en este sentido, al denunciar –al salir de la prisión- que los testigos, funcionarios judiciales y órganos de seguridad y de inteligencia que actuaron en su contra fueron los mismos que formaron parte del proceso que se le siguió al sociólogo colombiano y profesor universitario Alfredo Correa de Andreis, asesinado hace poco más de dos años en Baranquilla. La detención y las acusaciones que llevaron al procesamiento de Correa de Andreis por el delito de ''rebelión'', en junio de 2004, y que terminaron con su propia muerte en manos de sicarios, fueron similares a las que sufre actualmente el corresponsal de Telesur. En consecuencia, el periodista, su defensa y las propias autoridades del canal multiestatal advirtieron sobre los peligros latentes.
''Esto nos hace dudar de lo que puede pasar de aquí en adelante, por eso las medidas de seguridad sobre mi persona son extremas en este momento'', dijo Fredy Muñoz, quien en breve se reintegrará a sus tareas en la corresponsalía bogotana de Telesur, hasta lograr se autorice su salida del país y poder atender su nuevo cargo en la corresponsalía del canal multiestatal en Venezuela.
Testigo acusa a Fiscal de presiones y coacción
Nuevos testimonios aparecidos en la prensa colombiana e internacional entre el fin de 2006 y este año que se le antoja comenzar, dejaban en claro que el caso contra el corresponsal de Telesur en Colombia, Fredy Muñoz, no era más que un grotesco montaje de organismos de seguridad colombianos que atentaba contra la libertad de expresión y trataba de criminalizar al canal multiestatal latinoamericano Telesur.
La Fiscal especial que conduce en la ciudad de Cartagena el proceso por rebelión y terrorismo contra el periodista Fredy Muñoz fue señalada por uno de los testigos que ella hizo comparecer en el proceso y que pretendió rindiera testimonio contra el corresponsal de Telesur en Colombia, de haberlo presionado y amenazado.
El testigo, Yainer Rodríguez Vázques, señaló asimismo ante la Fiscal Myriam Martínez Palomino y el Procurador Penal Juan Carlos Cabarcas, que también fue amenazado por la Inteligencia de la Armada de Colombia, para que rindiera declaraciones contra personas que no conoce, entre ellos Fredy Muñoz. El testigo dijo que no conoce al periodista referido y que el alias que le atribuyen –Jorge Eliécer- corresponde a un guerrillero que fue muerto por las Autodefensas (paramilitares) años atrás.
Yainer Rodríguez, condenado a 12 años de prisión, acusado de los delitos de rebelión y terrorismo, dijo a la Fiscal que a ella le consta que él también fue víctima de sus presiones en ese mismo despacho –si no declaraba lo que ella quería, se le amenazaba de extenderle la pena a 30 o 40 años de prisión-, y que también lo presionaron en la base militar de Bocagrande, donde estaba recluido.
Interrogado por el Procurador, Yayner Rodríguez señaló que no puede seguir acusando a gente que no conoce y manifestó que ya le había comunicado a la Fiscal que el Jorge Eliécer que él conocía desertó de la guerrilla y lo mataron las autodefensas en Ñanguma.
Basándose en el testimonio de tres exguerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) -detenidos en el DAS y en Batallón de Infantería de Marina #2 de la Fuerza Naval de la Costa Atlántica y quienes están negociando una reducción de su pena a cambio de información que incrimine a las FARC- la Dirección Administrativa de Seguridad (DAS) identificó a Fredy Muñoz como el guerrillero conocido con el alias de Jorge Eliécer, acusándolo de ser explosivista del Frente 37 de las FARC, y co-responsable de atentados con bombas y petardos cometidos en las ciudades de Barranquilla y Cartagena. En el año 2002, Muñoz ya ejercía de periodista en medios colombianos.
La grosera prisión del corresponsal de Telesur en Colombia, Fredy Muñoz, un dedicado, joven, acucioso periodista de apenas 36 años, pone de manifiesto que, una vez más el periodismo independiente, libre y crítico es agredido por quienes insisten en utilizar la coacción, el amedrentamiento, la mentira y la fuerza para doblegarlo.
Como se sigue demostrando, la acusación hecha sin mayores pruebas, es absolutamente descabellada y debe interpretarse como una amenaza a la libertad de prensa. Todos los indicios indican que lo que se pretende con esta detención es criminalizar a Telesur y el trabajo de la corresponsalía en Colombia, fundamentado en el rigor y la veracidad periodística y en descubrir al público latinoamericano la verdadera realidad de Colombia, dándole también voz e imagen a los movimientos sociales colombianos. Al mismo tiempo se buscaría poner una cortina de humo ante la crisis institucional que se vive en Colombia.
Es más: el acoso contra Telesur queda demostrado por la sucesiva información que el DAS sigue solicitando en inspecciones a la sede de la corresponsalía del canal multiestatal latinoamericano en Bogotá.
Los testigos reunidos por la Fiscalía señalaron que el alias que le han atribuido a Fredy Muñoz los organismos de seguridad, había sido afectado por la explosión accidental de una bomba, que le habría causado graves quemaduras en una de sus extremidades superiores y en una de sus orejas, lesiones que no presenta el periodista –lo que corrobora el exámen médico-legal-, pese a lo cual la Fiscalía insiste en señalarlo como ese delincuente.
Fredy Muñoz Altamiranda es un joven periodista colombiano, que acaba de cumplir sus 36 años en prisión, que fue detenido al 19 de noviembre último en el aeropuerto internacional El Dorado de Bogotá, por autoridades del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), acusado de los supuestos delitos de rebelión y terrorismo.
Muñoz es, desde septiembre de 2005, corresponsal de TeleSUR en Colombia, corolario de una carrera profesional de doce años. La acusación en su contra se enmarca dentro de la retahíla de ataques que se han producido contra TeleSUR, desde antes de su lanzamiento y se contextualiza en la profunda crisis institucional por la que atraviesa el gobierno en Colombia, a raíz de las denuncias de la penetración
Caracas, casa tomada

Por: Isaac Rosa / Rebelión
Cada ciudad tiene, fácilmente reconocible, algún tipo de impresión, comentario, exclamación o pregunta que invariablemente surge, espontáneamente, en el visitante que llega por primera vez. Si en otras ciudades de otros países sus habitantes reciben con cansancio las mismas preguntas tópicas acerca del clima, la historia, el carácter monumental o alguna costumbre exótica, en Caracas la pregunta más repetida por parte de cualquier observador externo es siempre la misma: «¿por qué no bajan?». El visitante se sitúa en cualquier punto que permita cierta panorámica –un mirador de la cordillera del Ávila, la ventana del hotel, un trayecto en coche por la autopista axial–, desde donde observa, consternado, la segregación de la ciudad, el contraste atroz entre los distritos acomodados y los extensos «barrios» –así se llaman las zonas de infraviviendas–.
Ante esa visión del más insólito escenario de la lucha de clases, el visitante pregunta, señalando a los cerros atestados de precarias construcciones amontonadas: ¿por qué no bajan de los barrios? ¿por qué soportan vivir en la miseria cuando ahí abajo hay de todo? ¿Por qué no bajan a coger lo que necesitan, lo que sobra, lo que podían reclamar como propio también? Con otras palabras: ¿por qué no ha estallado todavía esta ciudad?
Para quienes viven en los distritos del Este, minoría privilegiada, la capital venezolana podría considerarse –y en buena medida lo es– una ciudad, su ciudad, cómoda, sofisticada, próspera, llena de atractivos, incluso lujosa. Para un visitante extranjero que llegase sin información y sin conciencia (dos requisitos indispensables para viajar por el mundo sin que duela), y que entrase de noche en la ciudad para alojarse en una zona pudiente, pongamos por caso Altamira, Caracas se presentaría como una ciudad habitable, aproblemática, hasta placentera. Al llegar de noche a la ciudad, entrando desde la autopista que le trae del aeropuerto, los barrios de los cerros permanecerían invisibles, mostrando tan sólo su entramado de bombillas de aspecto navideño, como un saludo simpático para el visitante, que tal vez exclamará «qué bonito, cuántas lucecitas». Si se aloja en un hotel de Altamira, amanecerá al día siguiente en una ciudad de calles limpias, anchas avenidas, parques cuidados, plazas de paseo, vigilancia policial omnipresente, coches de gran cilindrada, edificios acristalados de oficinas, imponentes centros comerciales, los mejores restaurantes, ciudadanos bien vestidos, educados, librerías bien surtidas, una atractiva oferta cultural...
Podría pasar así varios días, semanas, alternando una visita al parque natural de la cordillera del Ávila, una tarde de compras en franquicias de las primeras marcas, un buen concierto, un paseo por las praderas del impecable Parque del Este, una partida de golf en el refinado country club, una mañana recorriendo la colección del Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber, o una excursión de un día al cercano archipiélago coralino de Los Roques.
Así ha sido la vida durante décadas para una parte de los caraqueños, la irónicamente llamada Sociedad Sambil –por alusión al nombre de uno de los centros comerciales más grandes y lujosos de todo el continente–. Eran quienes disfrutaban las rentas de la industria petrolífera en los años de bonanza, lo que se traducía en alto poder adquisitivo, viajes vacacionales al extranjero –adonde también enviaban a sus hijos para ampliar estudios– y una vida cultural y social como pocas ciudades latinoamericanas conocen. Todo estaba ahí, fácil, al alcance, asequible.
Desde hace unos años, sin embargo, todo este nivel de vida tiene apellido, tal como lo viven sus beneficiarios: amenazado. Es bienestar, pero un bienestar amenazado. Es prosperidad, pero una prosperidad amenazada. Es nivel de vida, pero un nivel de vida amenazado, tal vez con fecha de caducidad.
Encerrados en su isla blindada, para ellos el resto de la ciudad es una gran amenaza envolvente, y se diría que inminente. Acorazados en el miedo, los habitantes de las menguantes zonas privilegiadas han renunciado al entendimiento, a la comunicación, a la salvación de los demás, de quienes no son de los suyos. Prefieren darlos por perdidos, como dan por perdidas amplias zonas de la ciudad, que consideran «zona roja» –así se lo oí decir a algunos caraqueños–, donde el adjetivo «rojo» tiene un significado de peligro, de inseguridad, de violencia, pero también un sentido político, en tanto que zona chavista, de apoyo masivo al proceso revolucionario en marcha desde la llegada a la presidencia de Hugo Chávez.
El miedo es real, sincero, hasta cierto punto fanático. Es como si la respuesta a la pregunta inicial (¿por qué no bajan?) fuese afirmativa: han empezado a bajar, ya vienen, ya están aquí. Una reciente película venezolana, Secuestro express, reproduce ese sentimiento de terror ante los otros, desconocidos y peligrosos. La película, no exenta de trampas y moralina –así la protagonista, niña rica que trabaja ayudando a los niños pobres en una residencia, consigue salvarse porque «no merece» sufrir la ira de los pobres, ya que es buena; mientras que su novio, cocainómano y bisexual, es asesinado–, muestra una imagen desoladora de Caracas, donde la violencia de los que no tienen nada hacia los que lo tienen todo va más allá de lo delincuencial para erigirse como una forma de justicia social o, más bien, venganza social tras décadas de resentimiento.
Sintiéndose reflejados en la desesperada pareja protagonista –cuyo destino está por igual en manos de los temibles «malandros» y de la policía corrupta y criminal–, los habitantes de clase alta viven aislados, encerrados en sí mismos, y sólo si es necesario salen de sus reservas, para abandonar la ciudad en automóvil por alguna de las autopistas que la vertebran, o para cruzarla a pie siempre que lo hagan respaldados por la masa –las grandes marchas opositoras de años atrás–. De lo contrario, no pisan jamás otros distritos, pues en ellos no hay nada que pueda interesarles, ni centro de trabajo, ni residencia, ni lugares de ocio y consumo, nada, sólo peligro, delincuencia, violencia. Hace tiempo que renunciaron a recuperar esas zonas y como mucho se conforman con retener sus parcelas impermeables. El proceso de movilizaciones antigubernamentales, que concluyó abruptamente con el fallido golpe de estado de 2002 y el posterior y fracasado referéndum revocatorio, ha hecho que pierdan toda esperanza y se limiten a preservar su islote privilegiado.
El planteamiento recuerda a aquel formidable relato de Julio Cortázar, breve e inquietante: Casa tomada. La historia es conocida: la pareja de hermanos rentistas que habita la gran casa familiar hasta que una presencia inexplicada pero poderosísima la va ocupando por partes, la va tomando, y ellos se limitan a dar por perdida la zona tomada y cerrar bien la puerta que les separa, manteniendo a salvo su zona libre, hasta que también la pierdan y no tengan más remedio que abandonar la casa.
De la misma forma, pareciera que la elite caraqueña vive en su propia «casa tomada» –entendida la ciudad desde un enfoque patrimonial exclusivista–, en proceso de ocupación progresiva, y prefieren conservar sana una parte pequeña, en la que poder vivir con relativa tranquilidad, apenas inquietos por los ruidos que llegan del otro lado (disparos, pero también gritos, eslóganes revolucionarios), tal vez lamentando alguna pertenencia que se dejaron al otro lado cuando fue tomado y tuvieron que retirarse.
Como el protagonista del relato echaba de menos sus libros de literatura francesa y su pipa de enebro que se dejó en la zona tomada, algunos caraqueños lamentan la «toma» del bulevar de Sabana Grande, una extensa zona peatonal que en tiempos, cuentan, fue zona de artistas, de bohemia, de cafés y galerías, y que hoy es territorio de los buhoneros (vendedores callejeros) y los malandros (delincuentes). Igualmente lamentan la rendición de la zona del Parque Central, una de las áreas arquitectónicamente más interesantes de Caracas, exponente del desarrollo de los setenta al calor del alto precio del petróleo. En el Parque Central se encuentran los principales museos de la ciudad y el gran complejo cultural Teresa Carreño, pero sus antiguos usuarios ya sólo acceden a él cruzando a toda velocidad las autopistas (sin detenerse en semáforos si es de noche). El propio teatro Teresa Carreño está hoy «tomado» en otro sentido, desde el momento en que la cultura popular impulsada por el gobierno bolivariano ha permitido que los habitantes de los barrios, tradicionalmente marginados, puedan sentarse también
Cuba en el año 2007

Pascual Serrano
TeleSUR
Cuarenta y ocho años después del triunfo de la revolución y en una situación excepcional derivada de la enfermedad de Fidel Castro, es buena una mirada para valorar cuál es la situación del país en un momento de claro despegue económico y con una coyuntura regional más que favorable.
Impactada la economía cubana por la crisis de la Unión Soviética, el país está logrando una indiscutible recuperación. Basta recordar que ha cerrado el año 2006 con un crecimiento económico del 12'5 % (en América Latina la media fue de 5'3 %) y que en el año 2005 fue del 11'8 %. Entre las razones que lo explican estarían los acuerdos petroleros con Venezuela, el de níquel con China, el aumento de la producción de petróleo nacional y el incremento del turismo.
Angustiados los cubanos por su situación energética -recordemos los apagones de los últimos años-, 2006 ha sido sin duda el año de la revolución energética. Su producción de electricidad ha aumentado un 7'2 %, con un consumo que se está racionalizando mediante el recambio de electrodomésticos y la rehabilitación de sus redes de distribución. La biotecnología está avanzando a pasos gigantescos, logrando el pasado año aumentar el 90 % de sus exportaciones a pesar del bloqueo estadounidense y alcanzando a más de cincuenta países. También se inauguraron 650 obras para la educación y la salud. Su gasto social es el más elevado del hemisferio y a educación y salud destinará en 2007 el 22'7 por ciento del PIB. El pasado año se alcanzó la tasa de mortalidad infantil más bajo de su historia, con 5'3 por mil nacidos vivos (en Nicaragua es de 30, y en Estados Unidos de 7'1). Es importante recordar que la tasa de desempleo en el país es de 1'9 %.
Pero es que en un mundo con 766 millones de personas sin servicios de salud, 120 millones sin agua potable, 842 millones de adultos analfabetos (21 de ellos en Estados Unidos), 158 millones de niños que sufren de desnutrición y 110 millones que no asisten a la escuela, ninguno de esos problemas existen en Cuba a pesar de encontrarse en el Tercer Mundo. Cuba es hoy el país de mayor equidad en la distribución del ingreso en América Latina, el que posee los servicios de educación primaria y secundaria que llegan al 99 por ciento de la población y acceso a estudios superiores en cualquier lugar del país a todos los que quieran hacerlo (800.000 estudiantes universitarios), el primero en indicadores favorables de mortalidad infantil en menores de un año y menores de cinco, el de menor desempleo, el que ofrece alimentos subsidiados que cubren no menos de la mitad de las necesidades nutricionales, el que presta atención médica primaria permanente y remisión a servicios gratuitos de alta tecnología (77'3 años de esperanza de vida). El pasado año, además, la organización no gubernamental WWF (World Wild Fund) declaró a Cuba como el único país del mundo que combina un alto desarrollo humano (reconocido en Informes Anuales sobre Desarrollo Humano elaborados por el PNUD) y una adecuada sostenibilidad ambiental.
Pero no olvidemos la solidaridad de Cuba al mundo, la isla tiene treinta mil trabajadores sanitarios en 60 países y el pasado 2006, la UNESCO le premió por su programa internacional de alfabetización que se está aplicando en quince países a 2'3 millones de personas. En el año 2006, 27.000 jóvenes de países subdesarrollados estudiaban en La Habana.
Y eso en un mundo donde, según un estudio del pasado 5 de diciembre de las Naciones Unidas, la mitad de la riqueza del mundo se encuentra en manos del 2% de los adultos. Un círculo aún más reducido que solo abarca al 1% de los habitantes tiene en su poder el 40% de la riqueza, mientras en el otro extremo el 50% de la población apenas contaba con el 1% de la riqueza. Es la expresión estadística del enorme abismo entre una elite insensible y una vasta muchedumbre de desposeídos.
Por supuesto que hay deficiencias en el modelo cubano. Los principales problemas cotidianos hoy son la vivienda y el transporte. Sin embargo, el pasado año se cerró con la construcción de 110.000 viviendas y se compraron 200 autobuses articulados (conocidos en la isla como camellos), otros 50 del tipo normal de segunda mano y 300 escolares.
Pero hay mucho más. Y es que, como dice Santiago Alba, ''nos empeñamos en salvar a Cuba comparando datos económicos y estadísticas, olvidando que de lo que se trata es de la elección entre los que ''en un lado bombardean países, derriten alegremente los cascos polares y confunden Faluya con un Parque Temático frente a otro que salva niños, cura extranjeros y confunde los propios sufrimientos con los de los otros pueblos de la tierra''. Cuba, dice Alba, el país del ''querer pronto, el amar fácil, el hablar intenso, el sentarse ancho, el vestir tenue, el cantar rebelde, el pensar juntos, el mirar despacio, el hacer largo, el vivir recio, el comer, beber y compartir sin misterios, el disentir y vencer sin venenos''. Por eso, sólo en La Habana, cuando mi hijo Camilo de cinco años jugaba en un parque infantil y una niña de la misma edad le rebasaba en el tobogán, le decía ''disculpe compañero''.
¡Tienes que enviar millones de soldados a Irak, no millares!

Por Michael Moore
La misiva de Michael Moore, ejemplarmente irónica, da respuesta a la alocución presidencial del miércoles (10/01/2007) en la cual "W" informó acerca de su decisión de enviar "más de 20 000 tropas adicionales a Irak".
Estimado Sr. Presidente:
Te agradezco por tu mensaje a la nación. Es bueno saber que todavía deseas hablar con nosotros después de cómo nos comportamos en Noviembre. Dime,
¿puedo ser franco? Enviar apenas 20 mil soldados más no va a hacer el trabajo. Eso solamente llevará el nivel de la tropa al mismo que había el año
pasado. ¡Y estábamos perdiendo la guerra el año pasado! Hemos tenido ya más de un millón de soldados sirviendo por algún tiempo en Irak desde el
2003. Algunos miles más simplemente no serán suficientes para encontrar esas armas de destrucción masiva! ¡Eh, quiero decir… traer ésos responsables
de 9/11 a la justicia! Umm, tacho esto. Tratemos mejor: TRAER ¡DEMOCRACIA AL MEDIO ORIENTE! ¡YES!!! ¡Tienes que demostrar un
cierto valor, caballero! ¡Ésta la tienes que ganar! Ven acá, ¡tú encontraste a Saddam! ¡Tú lo colgaste bien alto! Me encanta mirar el vídeo de eso -¡justo
como en el viejo y salvaje oeste! ¡El malo estaba vestido de negro! Los verdugos eran tan feos como el ahorcado! ¡Arriba el linchamiento de las
multitudes!!! Mira, tengo que admitir que me siento muy consternado por el lío en que te metiste. Como Ricky Bobby dijo, “si no eres el primero, eres el
último.” Y que seas humillado delante del mundo entero no nos hace a NINGUNO de nosotros, los norteamericanos, ningún favor.
Sir, escúchame. ¡Tienes que enviar MILLONES de soldados a Irak, no millares! ¡La única manera de lamerse esta chupeta ahora es inundar Irak con
millones de nosotros! Sé que estás corto de soldados listos para combatir - ¡tienes que buscar entonces en otra parte! La única manera como podrías
abatir a una nación de 27 millones —Irak— es enviando por lo menos ¡28 millones! He aquí cómo esto funcionaría: Los primeros 27 millones de
norteamericanos entran y matan a un iraquí cada uno. Eso evitará rápidamente cualquier insurrección. El otro millón de nosotros permanecerá y reconstruiráel país. Simple. ¿Ahora, sé que estás diciendo, dónde encontraré 28 millones de norteamericanos para ir a Irak? Aquí están algunas sugerencias:
1. Más de 62 mil de norteamericanos votaron por ti en la elección pasada (la misma que ocurrió al cabo de un año y medio de estar dentro de una guerra
que nosotros ya sabíamos estar perdiendo). Estoy seguro que por lo menos un tercio de ellos desearía poner su cuerpo allí donde pusieron su voto y
enlistarse voluntariamente. Conozco muchas de estas personas y, aunque podamos discrepar políticamente, sé que no estarían de acuerdo en que otros
tuviesen que ir a luchar una lucha que es de ellas — mientras que ellas mismas permanecen bien protegidas aquí en Norte América.
2. Puedes crear grupos de encuentro llamados “mata a un iraquí” en ciudades a través del país. Sé que esta idea es de un estilo muy comienzos -del-siglo-21,
pero recuerdo que fui una vez a un grupo de encuentro de Lou Dobbs y, te lo juro, algunas de las mejores ideas llegan después del tercer mojito. Estoy
seguro que conseguirás otros cinco millones de enlistados mediante este esfuerzo.
3. Envía allá a todos los miembros de los medios de comunicación principales. Después de todo, fueron tus colaboradores en traernos esta guerra —y muchos
de ellos ya están entrenados a fuerza de estar “encajados!” Si eso no lleva el total a 28 millones, entonces recluta a todos los espectadores
FOX News. ¡Sr. Bush, no te des por vencido! ¡Ahora no es el momento de aguantarse! No juegues al pequeño ganador enviando unas pocas tropas sobrecansadas.
¡Pon a tu gente detrás de TI y condúcela hacia allá como un
verdadero Comandante en Jefe! No dejes a ningún conservador de lado! ¡Velocidad máxima hacia adelante! Prometemos que les escribiremos. ¡Vaya a
conseguirlos W! Suyo..
Michael Moore.
Fuente: La Gente

