Los huracanes y sus efectos en el bosque

En los últimos diez años se incrementa, debido al cambio climático, la actividad ciclónica, afectando especialmente, en Centroamérica, el occidente del archipiélago cubano, donde se han registrado de uno a tres fenómenos de carácter ciclónico por año.
Entre los efectos de estos fenómenos se detectan daños significativos sobre los bosques de especies protegidas de latifolias (caobas, ébano carbonero, cedros) que componen la Reserva de la Biosfera Península de Guanahacabibes, situada en el extremo occidental del país.
En un proyecto reciente (2007) emprendido por el Centro de Investigaciones y Servicios Ambientales ECOVIDA de Pinar del Río, se evaluaron los daños en el bosque tropical seco, estudiándose la influencia de los aprovechamientos tradicionales en la magnitud de estos perjuicios y en la estructura y diversidad del bosque tropical seco al cabo de unos años de evolución natural.
Frente a ello, se carece de información de los daños y la evaluación posterior en bosques de ciénaga, una formación interior integrada por especies de manglar en que la penetración de agua marina por impulso del huracán causó daños considerables.
Como consecuencia de ese proyecto se han elaborado recomendaciones silvícolas y de ejecución de los aprovechamientos, encargándose sistemas alternativos de tratamiento para que las explotaciones reduzcan sus efectos desfavorables sobre la diversidad y complejidad estructural de los bosques.
De igual manera deben disminuirse también la susceptibilidad a los daños por nuevos huracanes a la par que se busca una mejora en seguridad y salud.
A raíz del paso de los huracanes Iván en el 2004 y Wilma en el 2005, un porcentaje elevado de los ecosistemas forestales de la Península de Guanahacabibes resultó dañado. Hoy la situación es bien distinta gracias al trabajo mancomunado de varios factores de la zona.
Entre los objetivos de los investigadores estuvo siempre proponer medidas para la actuación rápida en caso de un nuevo organismo ciclónico, y emplear prácticas de restauración a partir del estado actual.
Los científicos persiguieron además recobrar la máxima biodiversidad y aumentar la resistencia de las masas forestales a los efectos del viento, promoviendo individuos adecuados resistentes en la capa aérea superior y una densidad que produzca un entramado en la inferior.
Frente a ello, se carece de información de los daños y la evaluación posterior en bosques de ciénaga, una formación interior integrada por especies de manglar en que la penetración de agua marina por impulso del huracán causó daños considerables.
Como consecuencia de ese proyecto se han elaborado recomendaciones silvícolas y de ejecución de los aprovechamientos, encargándose sistemas alternativos de tratamiento para que las explotaciones reduzcan sus efectos desfavorables sobre la diversidad y complejidad estructural de los bosques.
De igual manera deben disminuirse también la susceptibilidad a los daños por nuevos huracanes a la par que se busca una mejora en seguridad y salud.
A raíz del paso de los huracanes Iván en el 2004 y Wilma en el 2005, un porcentaje elevado de los ecosistemas forestales de la Península de Guanahacabibes resultó dañado. Hoy la situación es bien distinta gracias al trabajo mancomunado de varios factores de la zona.
Entre los objetivos de los investigadores estuvo siempre proponer medidas para la actuación rápida en caso de un nuevo organismo ciclónico, y emplear prácticas de restauración a partir del estado actual.
Los científicos persiguieron además recobrar la máxima biodiversidad y aumentar la resistencia de las masas forestales a los efectos del viento, promoviendo individuos adecuados resistentes en la capa aérea superior y una densidad que produzca un entramado en la inferior.

