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Mantua y sus leyendas

Cuenta la leyenda que entre 1 605 y 1 610, un bergantín italiano llamado Mantua naufragó en los bajos del archipiélago de Los Colorados y los infortunados bajaron a tierra en botes de salvamento, trayendo consigo una imagen de La Virgen de las Nieves.
De generación en generación se transmitió esta historia, que parece ser la esencia del surgimiento del nombre de este pueblo tan distante de las costas europeas y en el que aún prevalecen tradiciones marineras y familias con apellidos italianos como Pitaluga y Fiallo.
Pero los orígenes del lugar se remontan más allá. Antes de mil 492 el territorio que hoy ocupa Mantua estaba habitado por aborígenes que convivían en pequeños grupos nómadas, dadas las características del territorio desprovisto de grandes cuevas.
Las tres primeras mercedaciones de tierra se pierden en el tiempo. Como pueblo fundado durante el coloniaje español, permaneció en el olvido hasta 1 716, fecha en que según las reales leyes de indias reunió los requisitos para ser declarado como tal y en 1 774 se funda su Iglesia parroquial.
Los primeros habitantes se dedicaron a la ganadería en las zonas de San Francisco, Clavellinas y Dimas.
Casi un siglo después comienza a fomentarse el cultivo del tabaco en varios sitios, a eso se sumaría la pesca, la extracción de resina de pino desde mil 750 y la minería que cobró importancia a partir de la primera mitad del siglo 19 con la Mina la Unión.
Alrededor de los años mil 837 y 38 habían empleados en la agricultura 220 esclavos. En la mina La Unión fue utilizada también mano de obra de procedencia asiática.
El transporte marítimo o de cabotaje jugó un importante rol para las comunicaciones con los demás puertos, especialmente con La Habana.
Varios hechos se destacan en el período de las luchas por la independencia, pero sin dudas, la llegada de la Columna invasora al mando del general Antonio Maceo engrandece a este poblado.
El 22 de enero de mil 896 concluye la invasión con la entrada victoriosa a Mantua. En la finca Los Conucos fueron recibidos por el Alcalde José Fors y un nutrido grupo de personalidades, siendo Maceo aclamado con júbilo por el pueblo congregado a lo largo de la calle principal.
En la casa de Idelfonsa Izquierdo se hospedó el general y en Mangos de Roque, antiguos Mangos de Roca, la columna invasora y su estado mayor.
Al día siguiente en la Sala capitular del ayuntamiento fue redactada el acta histórica por el fin de la invasión.
La noche siguiente se ofrece un baile en los salones del casino español en honor al general Antonio y su tropa, donde tuvo la oportunidad de bailar toda la noche con la mantuana Nieves Catá Urquiola, novia del revolucionario Maximiliano Quintana.
El 24 en horas de la mañana se retiró la tropa por el camino del Ocuje y en ella militaba un numeroso grupo de mantuanos.
Un mes después del fin de la invasión, los escuadrones de Ramón y Manuel Lazo, José Estévez y Antonio Pozo, en cumplimiento de una orden dada por el Coronel Antonio Varona redujeron el pueblo a cenizas, con el objetivo de continuar la lucha por romper los viejos lazos del colonialismo.
Después de una ausencia de 7 meses vuelve el General Antonio Maceo a Mantua, esta vez en busca de la expedición que por la Ensenada de Corrientes, trajo al General Juan Rius Rivera, estancia que se prolonga casi todo el mes de septiembre, en el cual se efectúan los primeros combates.
Después de estos acontecimientos y de la muerte de maceo el 7 de diciembre de 1896, se prolonga la continuidad de la guerra en el territorio por el Regimiento de Vueltabajo y los Comandantes Antonio Pozo y Manuel Labastidas, que junto al grupo de mantuanos continuaron peleando hasta concluir la guerra.
Después vendría la pseudorrepública donde se agudizan todos los males y las mejores tierras pasan a manos de latifundistas y terratenientes y la pesca a empresarios y patronos.
En medio de un gran desastre social los mantuanos, amantes de su terruño y de su historia lanzan una convocatoria en mil 929 para erigir un monumento Al soldado invasor, que quedó inaugurado el 4 de agosto de mil 935.
Ese mismo año por decreto ley número 207 se le otorga a Mantua el título de Monumento Nacional.
La represión al pueblo y los males sociales se agudizan en este alejado sitio de la geografía pinareña. En mil 957 se oficializa la dirección del movimiento 26 de julio, al que se incorporan en el territorio varios hijos de este terruño, realizando actividades en la clandestinidad.
La Revolución trajo nueva luz a este poblado. Se pone en práctica el programa del Moncada y los males de antaño comienzan a quedar atrás. La tierra, la vivienda, la salud y la educación pasarían a ser conquistas de todos.
En mil 961 se estimuló en el municipio la búsqueda de cobre, teniendo como base la existencia de numerosas manifestaciones de ese mineral, principalmente en la Mina La Unión explotada desde el siglo 19.
Estos trabajos de prospección se extendieron hasta mil 985 y dieron lugar al descubrimiento de las manifestaciones Unión dos, Hierro Mantua, la Oliva y Pinar Ciego entre otras.
En mil 964 Fidel visita Mantua, llega al poblado de Antúnez y visita a esta familia en un humilde bohío que la revolución transformaría meses después.
Situado en la parte noroccidental del país, a unos 250 kilómetros de la capital cubana, Mantua tiene 26 mil 72 habitantes en una extensión de 908 kilómetros.
Su historia y sus leyendas se cuentan en el pueblo de uno a otro, en el horizonte parecen advertir la procedencia lejana de sus antepasados que trajeron a esta tierra un nombre italiano.
El privilegio de vivir en Cuba.

Por: Belkys Pérez Cruz
Ayer dediqué un tiempo a leer las noticias que llegan del sudeste asiático y conocí de recuerdos y emociones a un año del tsunami que borró del mapa a comunidades enteras de Asia y de algunos países africanos.
Pensaba en cuántas vidas se hubieran salvado si en esos países con costas en el Océano Indico, existiera un sistema de alerta temprana como el que funciona para la región del Atlántico.
El devastador terremoto del 26 de diciembre de 2004 tuvo una magnitud de 9,15 grados en la escala de Richter,duró ocho minutos y provocó olas de hasta 10 metros en Indonesia, Sri Lanka, Maldivas, Myanmar, Malasia, India, Bangladesh, Somalia y Tailandia y otros países.
Unas 230.000 personas murieron o desaparecieron en más de 10 países y un año después del tsunami, cuatro de cada cinco de los dos millones de desplazados viven en tiendas de campaña, albergues temporales o con familiares y amigos en toda la región.
Los cables cuentan que en este primer aniversario también comenzó a evaluarse los efectos contraproducentes que tuvo el envío disperso y sin coordinación de la ayuda internacional.
Miles de países respondieron al llamado de Asia por los días finales del 2004 y entre ellos estuvo Cuba con sus brigadas de médicos listas para servir en las zonas más dañadas.
Durante meses nuestros galenos lograron salvar miles de vidas y llevar la esperanza a un número creciente de esa población necesitada y urgida de asistencia médica.
No hizo falta un año para que el continente se estremeciera nuevamente, esta vez sería Pakistán el 8 de octubre.
Un terremoto de 7,6 grados en la escala de Ritcher dejaría más de 73 000 víctimas sobre todo en la zona norte del país y ahí estarían otra vez los médicos de la pequeña Isla del Caribe que integran la Brigada Henry Reeve para situaciones de desastre.
En varios hospitales de campaña los profesionales de la salud prestan servicio a los aquejados por el impacto directo del desastre y a aquellos que hoy descubren sus dolencias ante la atención esmerada de estos hombres y mujeres venidos desde muy lejos, hablando otro idioma, practicando otras costumbres, pero que se saben buenos y salvadores.
Y pienso en ellos ahora que el 2005 dice adios, valoro la alta dosis de entrega y de altruismo que caracteriza a la medicina cubana que hoy reparte calidad de vida en varios países del mundo, sacrificando la cercanía de la familia.
Y creo que somos privilegiados por tenerlos a ellos, por ser solidarios y por vivir en Cuba. Solo la última de las razones expuestas valdría para sentir orgullo.
Foto: Roberto Suárez (enviado especial)
Herradura City: una ciudad norteamericana en el paisaje pinareño..

Por: Belkys Pérez Cruz
Las intenciones norteamericanas de crear colonias en Cuba fueron reveladas a finales del siglo 19, cuando una breve visita a la zona occidental de la isla le permitió a un grupo de colonos conocer tierras excelentes para el fomento de las plantaciones de cítricos.
La noticia corrió por todos los estados de la Unión y muy pronto la Cuban Land organizó su compañía en Herradura, para comenzar la venta de los terrenos de la comarca.
Cientos de colonos norteamericanos se instalaron aquí en los primeros años del siglo 20, al abrigo de una ciudad proyectada en Nueva York.
La incipiente caserío se proponía algo colosal, calles anchas, espaciosas, se crearon varias instituciones, incluso una agencia de automóviles y se prometió a los vecinos poner sus nombres a las calles de la comarca.
En 1906 se construye el Cementerio, espacio esencial para cualquier poblado y en el que descansan más de 100 estadounidenses.
Herradura City fue la cara visible de un proceso de colonización que ya había comenzado y aunque los colonos eran gente sencilla, conocían la gran civilización y trataron de imitarla.
Para mil 920 muchos norteamericanos regresaron a su país, pues la Cuban Land estaba más interesada en el azúcar y otros cultivos que en el cítrico.
En el caso de Herradura más de 100 de sus habitantes se marchan porque encuentran ventajas económicas en las facilidades del gobierno de Rusbel.
La presencia norteamericana en este pueblo del occidente de Cuba es motivo de una investigación del licenciado Rolando González, especialista del Museo Municipal de Consolación del Sur, que posibilitará conocer un pasaje casi desconocido de nuestra historia local.
En Herradura, las tradiciones y la cultura de esos primeros pobladores aún se conserva, pues según cuenta González, hace muy poco uno de los ciclones que azotó la región de Pinar del Río, destruyó la estación de ferrocarril, la que fue restaurada por los habitantes del lugar, preservando la originalidad.
En el 2005 se cumplen 100 años de los primeros trámites que hiciera herradura Land para la fundación de Herradura City, una de las últimas comunidades norteamericanas en Cuba, que permanentemente nos recuerda los intentos colonizadores de los vecinos del norte.
Minas de Matahambre: un pueblo en la montaña.

Por: Belkys Pérez Cruz
Según la tradición oral muchos ganaderos que llegaron al noroeste de Pinar del Río, pernoctaron reiteradamente en una zona montañosa con el objetivo de comer y reponer fuerzas para continuar viaje.
Al sitio muchos comenzaron a conocerlo como el lugar donde matar el hambre, por lo que ese es el origen del nombre de este pequeño poblado que en sus inicios se llamó San Cristóbal de Matahambre.
Situado al norte de la provincia de Pinar del Río, Minas de Matahambre tiene peculiaridades en su formación pues sucesivamente, con el paso del tiempo y la civilización, sufrió modificaciones en su composición geopolítica.
Formó parte de diferentes barrios y municipios, hasta convertirse en Municipio independiente en 1966, separado de Sumidero, fusión territorial que se alcanzó nuevamente en 1975 producto a la nueva División Político administrativa, con la que surge el actual Municipio de Minas de Matahambre.
A lo largo de la historia quedó plasmada la huella de los aborígenes. Se han descubierto sitios que delatan la presencia de comunidades que vivían al modo de los cazadores-recolectores-pescadores.
Se han descubierto alrededor de 100 sitios arqueológicos que contienen evidencias materiales indicadoras de la vida y las actividades de estas comunidades.
Son plazas de habitación de distintas magnitudes, paraderos, áreas ceremoniales (con arte rupestre) y espacios funerarios.
De igual forma existen evidencias de la explotación de esclavos africanos e inmigrantes chinos en las actividades económicas fundamentales de la época (caña y café), muestra de ello son las ruinas del ingenio de Santa Lucía y el cafetal El Carmelo, destinando estos sus producciones a la subsistencia en la zona y a la exportación.
En 1855, el acaudalado español de origen catalán, Francisco Martí Torrens, considerado el mayor esclavista del occidente cubano, adquirió el cafetal y continuó la explotación del mismo durante 45 años, utilizando mano de obra lucumí, conga, ganga y carabalí.
Posteriormente se introduce la producción tabacalera que perdura hasta nuestros días y en la cual desempeñaron un importante papel los negros cimarrones, asentados en su mayoría en la Cordillera de los Órganos.
Maceo en Minas
En mil 896 como parte de su Campaña en Vueltabajo el General Antonio Maceo hace su entrada a territorio minero el 25 de enero y al día siguiente sostiene el combate de Santa Lucía sin novedades.
Durante la guerra se cuantificaron 29 enfrentamientos, seis de ellos con la presencia directa del titán de bronce.
Entre las figuras de la región sobresale el Teniente coronel Antonio Tarafa y Oliva, natural de San Carlos, quien se incorporó a la tropa del general cuando este pasaba por Guane con la invasión de oriente a Occidente. El minero cayó en el combate de ceja del negro el 4 de octubre de mil 896.
El descubrimiento del yacimiento de cobre.
Cuenta la tradición oral que entre 1910 y 1912 un ganadero nombrado Victoriano Miranda descubre lo que posteriormente resultarían rocas de un alto contenido de cobre.
Estas posibilitaron que después de realizar las pruebas de laboratorio necesarias y definitivas Alfredo Porta y Manuel Luciano Díaz se encargaran de explotar los yacimientos de las minas de cobre. Durante años este fue el principal sustento económico de la zona .
Los norteamericanos vieron en esta producción un negocio lucrativo y rápidamente se apoderaron de la industria y la producción minera más importante de la provincia.
Su presencia dejó la huella lógica en exponentes de la arquitectura, en la tecnología aplicada al proceso productivo y en los métodos de explotación de los trabajadores.
La mina llegó a alcanzar altos niveles de producción, sobre la base del empleo de una moderna tecnología para la extracción y el procesamiento del mineral, pero los trabajadores tenían condiciones de seguridad infrahumanas en largas e intensas jornadas en las profundidades de la tierra.
Durante años y después del triunfo de la Revolución se siguió trabajando en este lugar, ya con mejores condiciones para los mineros, pero llegó el momento del cierre, debido a la sobreexplotación del yacimiento, su profundidad y el gasto energético.
Para muchos fue un difícil período, luego de tantos años de dedicarse a un oficio, pero pronto aparecieron otras fuentes de empleo y el tabaco, la rama textil y la forestal acogieron a la mayoría de los trabajadores.
Minas y sus bellezas naturales.
Hace 103 años el Faro Cayo Jutía, levantado en las costas de Santa Lucía, municipio pinareño de Minas de Matahambre, lanzó por primera vez hacia el horizonte un haz de luz blanca con el fin de eliminar los frecuentes accidentes marítimos que ocurrían en la zona. Hoy el faro se mantiene desafiando a los años y a la acción devastadora del salitre.
Al Faro se llega luego de recorrer 13 kilómetros por un pedraplén que conduce hasta un sitio que resalta por su belleza. Las personas que participaron en su construcción a principios del siglo pasado, ya no viven, pero él, con su estructura de torre de acero en forma de esqueleto, se mantiene firme en la costa norte de Pinar del Río. Allí todo se respeta como el primer día, el Faro mantiene sus colores iniciales ( negro y amarillo) y se conserva hasta la linterna, adquirida en la casa francesa Barbier y Bérnard, equipo que fue necesario trasladar embalado en 63 cajas. Después de un siglo de existencia, la modernidad solo se asoma en un bombillo halógeno de 100 wats para el sistema de alumbrado. La obra se levanta a 43 metros sobre el nivel del mar, tiene un alcance geográfico de 18 millas y uno luminoso de 33. Para subir hasta la linterna es necesario ascender 179 peldaños por una escalera de caracol, de fabricación norteamericana.
Con la misma estética e igual estructura y materiales, en Cuba fueron ensamblados otros tres faros que han tenido que ser sustituidos, por lo que el de Cayo Jutía es el único de su tipo que se mantiene activo, retando al salitre y la cercanía del mar.
Las tradiciones culturales
Como pueblo costero que es tiene tradiciones enraizadas en sus habitantes. Realizan todos los años las Verbenas de Río del Medio, con juegos y competencias que van desde las carreras de caballos, sortijas, el palo y cerdo ensebados, hasta los de carácter náutico como la cucaña, la batea, la natación y el barril.
En el municipio se ubica también la Comunidad Pan de Azúcar donde tiene lugar un guateque que tiene sus orígenes en los inicios del siglo 19 y en torno al cual la población se reúne con comidas típicas, juegos y competencias tradicionales.
Situado al noroeste de la provincia de Pinar del Río Minas de Matahambre ocupa una extensión territorial de 857,96 kilómetros de ellos 9 de cayería.
El 80 por ciento del municipio está en la montaña y el fondo forestal ocupa el 70 por ciento del área, siendo ésta una de las principales actividades junto al tabaco y los cultivos varios.
La población es de 34 mil 476 habitantes, hombres y mujeres que viven orgullosos de su pasado y seguros de que el presente y el futuro trae nuevas esperanzas para quienes residen en este pueblo en la montaña.
Minas de Matahambre encierra en sus pobladores la esencia de una cultura enraizada a través de un oficio y aunque la minería dejó de ser hace años la principal ocupación, uno siente en estas calles que vuelve a ser testigo de una historia que palpita.
La Cueva de los Portales: patrimonio de los cubanos.

Por Belkys Pérez Cruz
En el municipio de La Palma el río Caiguanabo perfora la Cordillera de Guaniguanico, delimitando las Sierras del Rosario y los Órganos y en ese sitio se ubica la Cueva de los Portales descubierta en 1800 por un español que dio a ella su apellido.
Desde entonces se convirtió, junto a los baños medicinales de San Diego, visita obligada de casi todos los que llegaban a la provincia más occidental de Cuba.
Las excelentes condiciones del lugar fueron muy bien aprovechadas años después en 1947, por el acaudalado terrateniente local José Manuel Cortina para el disfrute personal y de su familia.
Pero sería en 1960 cuando la caverna comenzaría a tejer una página en la historia de la isla, cuando el Che Guevara la visitara por primera vez en 1960, durante un recorrido que le permitió al guerrillero admirar sus extraordinarias bellezas y orientar su acondicionamiento un año después para actividades militares.
Al estallar la crisis de los misiles en octubre de 1962, el jefe militar fue designado al frente de la Jefatura del Ejército occidental y estableció en este frío y rocoso lugar su Comandancia general.
Aquí llegó a tener 32 hombres listos para entrar en acción en las montañas, si el enemigo intentaba ocupar parcialmente el territorio nacional.
En la Cueva de los Portales todo recuerda al Comandante Guevara, desde el banco donde jugaba ajedrez en las tardes hasta la caseta de bloques donde se reunía con los oficiales para las instrucciones.
Por su relevancia desde el punto de vista histórico el sitio es Monumento nacional desde 1987 y es frecuentemente visitado por cientos de personas interesadas en conocer una faceta en la vida del Guerrillero Heroico.
Para propiciar ese contacto desde principios de los años 80 se fundó una instalación de Campismo Popular aledaña a la gruta, que incluye entre sus principales atractivos, un recorrido por ese lugar histórico, hoy patrimonio de todos los cubanos.

